Realismo visual: la mirada de Sarah McDaniel y otras tendencias de marketing

Realismo visual la mirada de Sarah McDaniel y otras tendencias de marketing

¿Cómo puede acercarnos una estrategia en apariencia sencilla como el realismo visual para despertar mayor empatía en nuestro cliente?

Existe una sencilla razón por la que una imagen más “natural y sencilla” tiene una mejor recepción en la audiencia, llámese de un comercial, de un espectacular o de un anuncio en alguna red social, y es la de aludir a una realidad inmediata, más cotidiana, “más mía”. La gramática de los simple (no de lo minimalista) tiene un impacto mayor en el espectador, quien detrás de sus pantallas cree haber encontrado a una persona similar a él, protagonista y consumidor a la vez de una marca.

Un ejemplo de esto sucedió apenas unos meses atrás, cuando Scott Flanders, CEO de la afamada revista para caballeros Playboy, anunció que terminaría con las fotografías de desnudos a partir de la edición de marzo de 2016. Todo mundo pensó que la savia vital de la publicación se disiparía con el absurdo fin de hacer frente a las millones y millones de imágenes de mujeres desnudas de acceso gratuito que inundan la Internet, sin embargo la decisión de replantear el “contenido estrella” de la revista, según su equipo ejecutivo, está en llegar a nuevos públicos, en su mayoría jóvenes a partir de los 13 años con fotografías en escenarios sin complejas producciones y con el mínimo de efectos de edición que a su vez tuvieran mayor relación con la instantaneidad de redes como Snapchat e Instagram, sin abandonar su ya característico toque de provocación y sensualidad.

Realismo visual, modelos con parámetros más humanos

En otras palabras, la clave de esta nueva ruta de Playboy es realismo, lo cual ha asumido con lujo de detalle al contar para esta “primera” edición con Sarah McDaniel, una modelo estadounidense de 20 años que saltó a la fama gracias a sus fotografías en Instagram, en las que hace gala de un defecto congénito conocido como heterocromia ocular (ojos de diferente color), que lejos de representar un impedimento para su acenso a la fama podría decirse que ha sido su mejor aliado.

Este nuevo ideal de belleza que ha comenzado a llenar los medios surge con la necesidad de minimizar la artificialidad que el discurso publicitario puede tener al presentar a modelos con cuerpos “perfectos”, asistidos por un minucioso trabajo de posproducción en el que será eliminado todo rastro de “impureza”, algo que es percibido por la audiencia como irreal y menos humano. Otros ejemplos significativos de esta nueva corriente son las modelos Chantelle Winnie, una canadiense con vitíligo; Madeline Stuart, con síndrome de Down; Tara Lynn; una modelo de talla grande; Aimee Mullins, actriz, atleta y modelo estadounidense que nació con hemimelia peronea, lo que le hizo perder ambas piernas; o Moffy, una modelo estrábica. Todas ellas con contratos millonarios para firmas de renombre internacional y con un slogan pionero que ha cambiado la forma de anunciar: personas reales para clientes reales.

Si marcas como Playboy se han beneficiado al limitar la presencia de pieles tersas y sin poros que sólo pueden conseguirse con el Photoshop, y apartar a las protagonistas de sus fotografías de las barrocas escenografías que rozaban más en lo kitsch que en el lujo; adaptar a pequeños negocios esta tendencia no tiene porqué ser una condicionante, al contrario, puede ser la oportunidad perfecta para lograr un mejor posicionamiento de nuestro producto o servicio, uno más cercano a nuestro cliente.

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