Imágenes de sentimientos y emociones: de lo sexual a lo mercadológico

Imágenes de sentimientos y emociones: de lo sexual a lo mercadológico

El Marketing en imágenes de sentimientos y emociones

Una voz traducida en imágenes de sentimientos y emociones. Ojos brillantes, labios gruesos rojos, piel tersa y cabello sedoso, siluetas imposibles: las musas exhibidas en los anuncios que adornan alguna avenida de la ciudad o que emergen cual ninfas del cristal líquido de nuestros monitores, suelen ser el resultado de una compleja campaña publicitaria que más allá de ofertar algún producto (o un servicio), marcan una tendencia, un modelo de “buen vivir”.

Imágenes de sentimientos y emociones que brotan de la moda

Hace algún tiempo, caminando por las calles de París, era muy común en las paradas de autobús o en los pasillos del metro la icónica fachada de Kate Moss, quien anunciaba el nuevo perfume de una prestigiosa marca. Ataviada con una blusa de cuero y una falda entallada, ambas en color negro; con el cabello recogido, teñido a su vez de un platinado claro. La lente del fotógrafo esculpió con una ágil iluminación la delgada figura de la modelo británica, privilegiando la vista de sus hombros semidesnudos que terminaban en las acentuadas facciones de su rostro.

Si bien ignoro cuáles hayan sido los números de venta de este producto o si fue exportado a otros rincones del mundo, la verdad es que la imagen de Kate Moss es una de las más rentables en el rubro. En 2012, la revista de Forbes la ubicó en el segundo peldaño con un ingreso que superaba los 9 millones de dólares. Sin embrago, lo más interesante en este asunto no es saber la cantidad de números hay en su chequera sino conocer cuál historia trae detrás de sí que la ha convertido en un referente de la moda.

Al momento de ser reclutada por la cazatalentos Sarah Douglas a finales de los ochenta, su físico distaba de los parámetros de belleza de aquella época, lo cual lejos de ser una desventaja fue su mejor aliado en su camino al éxito comercial. Las chicas rubias y voluptuosas, estilo Bo Derek, que inundaban las portadas de las principales revistas, las emisiones televisivas y las grandes producciones cinematográficas, estaban en un punto de transformación que daría paso a un nuevo prototipo de “mujer modelo”. Junto con Moss, aparecen en escena otras mujeres que marcarán un nuevo inicio de la imagen femenina, una más rebelde y segura de sí misma, sin curvas acentuadas. Una belleza más underground con la que más mujeres se sintieran identificadas.

Esto significó un boom con un contundente mensaje: si una chica provinciana, como las hay por miles o quizás millones en Inglaterra y el mundo, pudo convertirse en la musa de Calvin Klein, cualquier chica con actitud y ambición podría hacerlo también. A partir de ese momento, la jovencita de cabello castaño no frenó su carrera. Fue tanta su influencia que inclusive sus escándalos amorosos, legales y con las drogas la impulsaron en lugar de restringirle el ascenso. Las marcas que utilizaron su imagen de femme fatal de mirada melancólica, vieron sus cifras de venta elevarse como nunca.

En las tendencias, quien no innova corre el riesgo de perderse en el camino. Kate Moss ha sabido reinventar su iconografía para adaptarla a cada época. Basta con poner de ejemplo las recientes apariciones que hizo, superando ya las cuatro décadas de edad, en la revista Playboy y para la campaña de My Burberry junto a la también británica Cara Delevingne.

Alguna vez me dijo un publicista que no hay mejor estrategia de venta que una imagen bien confeccionada, capaz de despertar desconocidas u ocultas emociones en cada uno de sus espectadores. Moss bien podría encarnar esta sentencia: una frágil mujer que, trascendida por su afiche, ha impuesto una moda que quizás no le pertenece del todo.

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